Lo primero: la Lehre no es «ponerse a trabajar»

Merece la pena decirlo antes que nada, porque es el malentendido que más dolores de cabeza causa en familias que vienen de sistemas donde el éxito pasa por la universidad. El barómetro oficial de este año lo deja en números: de los cerca de 98.000 jóvenes que terminan la escuela obligatoria en Suiza, el 63% quiere hacer una Lehre, y el mercado ofrece unas 74.000 plazas. No es la salida de quien no vale, es el camino mayoritario. Además está pagado y no cierra puertas: desde ahí se llega a la Berufsmatura y a la universidad de ciencias aplicadas.

El formato son tres o cuatro días en la empresa y uno o dos en la escuela profesional, y lo que cambia respecto al instituto es el marco legal: tu hijo pasa a ser estudiante y trabajador a la vez.

El contrato y el periodo de prueba

El contrato de aprendizaje solo vale por escrito y debe recoger como mínimo el tipo y la duración de la formación, el sueldo, el periodo de prueba, la jornada y las vacaciones. Una promesa verbal no sirve si luego hay discusión.

El periodo de prueba dura entre uno y tres meses, y son tres si el contrato no dice nada. Durante ese tiempo cualquiera de las partes puede romper con un preaviso de siete días. Puede alargarse hasta seis meses, pero solo con el acuerdo del aprendiz y el visto bueno de la oficina cantonal de formación profesional.

Pasado ese periodo, la situación se invierte por completo: el contrato ya no se puede rescindir sin más. Hace falta acuerdo entre las dos partes o un motivo especialmente grave. Esta es probablemente la protección más fuerte del sistema y la que menos se conoce.

Vacaciones, jornada y escuela

Hasta cumplir los 20 años, el aprendiz tiene derecho a un mínimo de cinco semanas de vacaciones al año. Las fechas las fija la empresa, pero está obligada a tener en cuenta las vacaciones de la escuela profesional.

La jornada no puede superar las nueve horas diarias ni ser más larga que la del resto de la plantilla, y entre dos jornadas tiene que haber al menos doce horas de descanso. Los menores de edad han de terminar como muy tarde a las 20:00 la víspera de un día de escuela y a las 22:00 el resto de días. Las horas extra, por norma general, no están permitidas. Hay reglas especiales para hostelería, cuidados y panaderías, donde el trabajo nocturno o de fin de semana sí cabe bajo condiciones.

Las pausas son de media hora con jornada completa y de quince minutos a partir de cinco horas y media. Y un detalle importante: el día de escuela cuenta como día de trabajo a partir de seis lecciones, y la empresa tiene que dejarle ir. La formación y el tiempo de escuela son parte del salario, no un favor.

Si cae enfermo, el sueldo se sigue pagando íntegro: descontar los días de baja no es legal. Es una de las irregularidades más repetidas, junto con las jornadas de más de trece horas y las vacaciones impuestas sin margen.

El sueldo es suyo

Aquí está la sorpresa para muchas familias. El sueldo del aprendiz le pertenece a él, no a los padres, aunque sea menor y viva en casa. Lo que sí pueden los padres es pedirle una contribución razonable por manutención y alojamiento, y esa conversación conviene tenerla el primer mes, no el séptimo. La paga extra de fin de año solo existe si figura en el contrato.

Esa primera nómina trae además el estreno con las deducciones suizas, la AVS y el seguro de paro: merece leerla juntos. Y hay un gasto que conviene anticipar, porque al cumplir los 19 el seguro médico salta de la tarifa infantil a la de adulto joven y la diferencia se nota de golpe. Buen momento para revisar franquicia y modelo con las calculadoras antes del plazo de noviembre.

Si algo va mal, a dónde ir

El orden que recomiendan los propios servicios de formación va de menos a más. Primero, hablarlo con el Berufsbildner, la persona responsable de la formación dentro de la empresa. Si eso no funciona, una persona de confianza en la empresa o en la escuela profesional. Y si el problema persiste, la oficina cantonal de formación profesional, que supervisa los contratos de aprendizaje y puede intervenir. Existen además los centros cantonales de orientación, los BIZ, y plataformas gratuitas de mentoría como Job Caddie.

El consejo que repiten los expertos vale para el chaval y para los padres: no guardarse el problema demasiado tiempo. Un conflicto de agosto se arregla; uno que sale en enero suele acabar en ruptura de contrato. Y si aun así el aprendizaje se tuerce, cambiar de empresa a mitad de formación es habitual aquí y no marca a nadie.